Por qué la reencarnación puede existir

La reencarnación es una teoría de la conciencia, no necesariamente del alma. La conciencia es ese ser que mira detrás de los ojos. Ese ser se siente ser, no necesariamente se siente como un yo, y puede tomar decisiones de movimiento. De ahí viene el teorema del gato que se tuerce en el aire cuando lo avientan. Si se tira un objeto sin conciencia, el objeto caerá y ya está. Si se tira un gato, el gato va a hacer lo posible por caer de pie. Esto lo hace porque hay conciencia en el gato. Es posible que incluso las plantas hagan lo mismo. Muchos movimientos que hacen las plantas no siempre se pueden explicar por la búsqueda de luz solar o de agua. Cómo crecen las flores en perfectos fractales parece un evento aleatorio, pero puede haber una conciencia en ese patrón. La teoría medieval de que los planetas tenían un cierto modo de conciencia es bastante plausible con las investigaciones de física modernas, cuando eventos astronómicos no se pueden explicar con las reglas clásicas de la física. Es decir, la conciencia puede no estar necesariamente ligada al cerebro. Es más, si no está ligada al cerebro, podría transmigrar de cuerpo en cuerpo como en la clásica teoría de la reencarnación chamánica de Corea.

Toda la teoría de nueva era de la reencarnación que ya pasó un poco de moda se puede ver constantemente en producciones coreanas como un asunto del día a día. Aunque sean narrativas de ficción, se puede inferir un poco la compleja cosmología de la muerte que existe en la cultura coreana, que no solo es fascinante por como se reactualiza con la vida moderna, sino que ofrece nuevas perspectivas sobre la psicología de la conexión social. También se observa una integración bastante integrada con la teoría cristiana de la muerte, debido al sincretismo y a la cristianización de Corea. Según esa teoría, existen redes de conciencias que intercambian experiencias y situaciones conjuntas, pues en la siguiente vida se encuentran de nuevo para darle una resolución a una situación que hubiera quedado abierta en la vida anterior. En ese sentido, no existen las coincidencias. Encuentros casuales terminan explicándose por búsquedas antiguas de las almas. Uno de los máximos castigos cuando se viola una regla kármica en la vida de un individuo es no volver a reencarnar dentro de su red. Terminan siendo almas muy solitarias, al menos hasta que purgan las cuentas.

Cuando la persona muere, cruza un río por donde se van borrando los recuerdos de la vida anterior. En ese momento se produce el juicio, va al cielo o al infierno, pero desde ahí pasa un tiempo hasta que vuelve a reencarnar. Los más evolucionados pueden empezar a elegir dónde reencarnar, pero debido a su estado de evolución, generalmente deciden reencarnar en un animal o en un ser humano sencillo. No les interesa ser ricos, famosos o guapos. Los que tienen más cuentas pendientes no pueden decidir en qué reencarnar. A otros les dejan decidir entre opciones muy definidas y el alma decide entre esas opciones cuál es el camino más directo a su evolución. Mientras la persona se mantiene en espera de su nueva reencarnación, puede aparecer como fantasma o aparecer en los sueños de sus seres queridos. Otros ni siquiera han podido emprender su viaje porque algo los ancla a la presente vida.

Reexaminando la teoría de la conciencia que no está ligada al cerebro, podría ser posible que la misma conciencia se repita a través de diferentes cuerpos como sucesión de la muerte. La conciencia sería diferente del alma, si es que existe el alma. La transmigración de la conciencia no necesitaría del concepto del alma para explicarse. Pero si queremos creer en el alma, en el sentido Tomasino, las almas no tiene recuerdos de su vida humana. Es decir, no tienen conciencia. Son una substancia que surge de la vida humana y al morir, son elevadas por cierta inercia hacia arriba o hacia abajo según el peso de sus actos. Las almas no transmigran, solo la conciencia. De esta manera es posible conciliar la creencia católica con la tesis de la reencarnación. Además, en este sentido, sí podría ocurrir que los animales tuvieran solo conciencia, no alma. Pero el alma viene a ser un elemento totalmente irrelevante a la experiencia.

La reencarnación no sería una transmigración de las almas, sino una transmigración de la conciencia como un evento sensorial que podría no terminar con la muerte, sino restituirse a una nueva forma de existencia. Sí está ligada al mundo físico, pero no depende de un mecanismo de la materia para subsistir, y por eso una vez en el dominio de la existencia no podría ser borrado ni siquiera con la muerte, sino que seguiría mudándose de un cuerpo a otro buscando continuamente finalizar eventos, con una memoria no dependiente de lo neurológico, sino una memoria que se reproduce como sensación, deja vú, cercanía, familiar, o todo lo contrario, odio, envidia o ira sin razón aparente.


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